Entendiendo las necesidades de los niños

Hola lector:

Si nos estás leyendo es porque eres una de las miles de personas encerradas en casa con niños a su cargo. Antes que nada, me gustaría transmitirte mi ánimo y todo mi cariño, y decirte que voy a acompañarte con algunas herramientas educativas.

Esta situación de emergencia, además de tener unas implicaciones sanitarias, económicas y sociales muy grandes, nos afecta, a nivel individual como padres en dos grandes facetas: La primera tiene que ver con lidiar con nuestra propia frustración como seres individuales. Es como una continua lucha con nuestro niño interior que nos dice “yo quiero salir” o “si salgo a correr sólo un rato no pasa nada”... como si intentara boicotearnos la razón y las normas impuestas desde fuera. Como si de un niño enfadado se tratara, al que continuamente hay que calmar.

Qué reto es de por sí, mantenernos a nosotros, a nuestros pensamientos, emociones y conductas a flote, en equilibrio. Intentando que no nos desborde todo esto.

En segundo lugar, y de la mano, va el poder gestionar las frustraciones de los más pequeños. Siendo ésta, una tarea nada fácil.

Aunque pueda parecer una obviedad, el cerebro de los niños no está desarrollado del todo hasta que las personas no cumplimos aproximadamente 21 años. Este dato, que no es muy conocido fuera del mundo de la educación, tiene muchas implicaciones como veremos en siguientes artículos.

Los niños que no sufren ninguna patología, vienen “equipados” al venir al mundo con todas sus estructuras cerebrales “instaladas”, pero no todas están activas. Lo van haciendo a medida que los niños crecen. Precisamente las estructuras que permiten la autorregulación emocional, tranquilizarnos a nosotros mismos, pensar con la razón o tomar decisiones adecuadas, empiezan a estar activas de una manera muy incipiente cuando los niños rondan los tres años de edad.

Por ese motivo, se empieza a notar que aguantan más leyendo cuentos, que ellos mismos entienden que “no podemos salir porque llueve” y empiezan a usar la parte más superior del cerebro, en algunos momentos puntuales de tranquilidad. No es hasta los 6-8 años, cuando pueden utilizarla de una manera un poco más adecuada y siempre que se les enseñe a hacerlo.

Otro dato de interés, es que venimos al mundo provistos de las neuronas espejo. Estas neuronas permiten por ejemplo, que nos demos cuenta del enfado, tristeza o alegría de la persona que tenemos delante. Las neuronas espejo están en la base de todas nuestras conductas altruistas y nos permiten percibir el dolor ajeno, pero a la vez estas neuronas también son responsables de los “los contagios emocionales”. Con lo que está alterando emocionalmente el virus la sociedad actualmente, hace que nos contagiemos del pánico en los supermercados o en casa estemos más nerviosos y nos lo contagiemos unos a otros.

¿Qué implicaciones tiene este dato en nuestra cuarentena?

Primeramente que los niños, sobretodo los más pequeños, no entienden de manera racional los motivos por los que no pueden salir, y eso conlleva que continuamente se enfrenten a nosotros y nos culpen o paguen con nosotros su enclaustramiento.

Una vez que sabemos eso, lo prioritario es que nosotros, como adultos, intentemos no perder la calma. Si nosotros estamos tranquilos, será mas fácil que ellos no se contagien de nuestras emociones “menos funcionales” en estos momentos.

Todo esto esta muy bien, pero ¿Cómo lo hago?

En los medios de comunicación no paran de decirnos que nos lavemos las manos continuamente, que cuidemos mucho la higiene. Pues bien, el primer reto que os planteamos hoy, es que dediquéis un rato al día, no tiene que ser más de diez minutos si no lo has hecho nunca, a “higienizar” tus emociones, a darles un espacio, a escuchar que es lo que sientes: rabia, enfado, frustración, tristeza… a poder verbalizarlo internamente. Ponerle palabras, mirarlo y respirar profundamente es muy valioso y ayuda muchísimo en momentos de crisis como la de ahora.

Os planteamos que busqueis un espacio en vuestra casa, y un momento al día en el que podáis estar tranquilos, bien sea cuando estén ya dormidos los niños al final del día o antes de despertarse, o incluso en las siestas de después de comer.

Es muy importante darles un espacio a las emociones personales en estos momentos. De lo contrario puede ocurrir el “efecto muelle”, esto es, cuando retenemos y hacemos como si no sintiéramos nada y acallamos la emoción, se acumula y cuando menos lo esperamos, salta con una intensidad y violencia descontrolada. Y ahí es, cuando hacemos daño al otro.

No quiero despedirme sin decirte, que ya de por si, estar leyendo un post para hacerlo mejor con tus hijos, es muy buena señal. Decirte que tendrás momentos buenos y no tan buenos durante estos días, que será muy normal y que no te culpes por ello. Nadie nacemos sabiendo cómo enfrentarnos a las situaciones como la que estamos viviendo ahora, pero solo con el esfuerzo de intentar hacerlo lo mejor posible, ya estas dando un pequeño salto hacia la mejora.

Ángela Pulido. Psicóloga.

Nos encantaría que nos contaras que te ha parecido y si ves que es viable hacer la propuesta que te planteamos.